El derecho a modificar un producto es inalienable

Entre los siete modelos de colaboración masiva que explican Don Tapscott junto a Anthony D. Williams en Wikinomics, se encuentra el de los prosumidores. La palabra prosumidor es un acrónimo compuesto por productor y consumidor, y fue acuñada por primera vez por Alvin Toffler en su libro la tercera ola en 1979.

El prosumidor es aquel usuario que  considera el derecho a introducir modificaciones en algún producto adquirido como algo tácito. Para las empresas, esta nada nueva pero si cada vez más creciente ola de consumidores activos que ya no sólo se limitan a participar en su “buzón de sugerencias” significan para unas; un nuevo modelo de negocio, para otras; un quebradero de cabeza.

Empresas como Linden Labs, Lego o hasta BMW en mayor o menor medida contribuyen a que sus clientes se sientan satisfechos e identificados con la marca dejando que todos o algunos de sus productos puedan ser modificados incluso antes de que salgan al mercado. En cambio otras empresas como Apple o Sony prohíben realizar cualquier tipo de cambio a sus productos. El problema para las empresas es que sin importar si dan o no la autorización, las personas siempre modificaran los productos que adquieren y aunque coloquen trabas para evitarlo como Sony, que con cada nueva versión del sistema operativo del PSP desactiva las modificaciones no autorizadas que los usuarios pudieran haber puesto a la consola.

Se trata entonces de convertir las estancadas estrategias de mercado antiguas en nuevas formas de economía desarrolladas por empresas inteligentes, que entienden que prohibir las modificaciones es prohibir la creatividad de quienes son sus consumidores y que  “…atraer a los clientes hacia sus redes de negocio y asignarles papeles importantes en el desarrollo de la siguiente generación de productor y servicios” se traducen en ganancias tanto para clientes como empresas.

Entonces Wikinomics deja entrever que la extinción es el destino de toda empresa que no se adapte a los cambios habidos y por haber, porque aunque las comunidades de prosumidores son relativamente pocas comparadas con el grueso de los clientes estándar, cada vez son más y más personas las que desean participar junto a las empresas en la cocreación de productos, lo que a la larga significara un cambio de paradigma en la manera de realizar negocios.

Claro está que no todas las empresas pueden permitir que los clientes coproduzcan su oferta de servicios o productos por diversos motivos, pero pueden dejar de lado la imagen de una empresa cerrada a las ideas realizando otro tipo de actividades que integren a sus clientes.

Jorge Luis Sequera

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