Poder y conocimiento en la era digital

Las relaciones humanas son, en esencia, relaciones de poder. Este poder que define la dimensión relacional, se instaura en primer lugar en el lenguaje, que impone un orden de representación del mundo y establece el límite entre aquello que puede ser nombrado –y por tanto, existe- y aquello que pertenece al orden de lo que no puede ser depositado en palabras y por tanto no existe: la otredad.
El poder se instaura en último término en la ideología; pero son las estructuras sociales las que aportan su forma más evidente y pragmática y son los espacios donde éste puede desarrollar su dinámica de manera más eficaz. En este sentido, Foucault cita la familia, la escuela, la cárcel y el hospital como algunas de las estructuras paradigmáticas.
De la lectura del texto “La alquimia de las multitudes” desde la perspectiva foucaltiana, podemos arribar a un par de aproximaciones sobre los cambios que la web introduce en dos ámbitos representativos del poder.
En primer lugar, resulta evidente –mas no por ello exento de complejidad- el cambio en el orden de representación definido por el lenguaje. No sólo una lengua escrita que se transforma vertiginosamente, saltándose todo un orden gramatical y de sentido establecidos, para adaptarse a las exigencias de nuevos usos que requieren más significado en menos caracteres, que apelan a “ideogramas” que pasan a circulación apenas concebidos y que exige exponencialmente mayores significantes audiovisuales. Un lenguaje, que en suma, resulta en una babilonia cambiante e inmediata, sensorial y táctil, lúdica.
En segundo lugar, las antiguas estructuras para acceder al conocimiento –y el conocimiento en sí mismo- se transforman en aras de los conceptos de usabilidad e inteligencia colectiva, creando un orden paralelo a las consagradas instituciones del saber, tales como la academia e incluso la familia. El conocimiento compartido desdibuja incluso la noción de sujeto, entendido como ente primario para el acceso y la difusión del saber. Es, ahora, conocimiento compartido, que se construye y se modifica al interior de grupos de usuarios heterogéneos y cambiantes (webactores) que atienden a intereses específicos y mutables.
Ciertamente, no podemos hablar, todavía, de un nuevo orden de poder instaurado por los usos de la web. Si se piensa con reticente rigurosidad académica, bien podríamos identificar a este nuevo sujeto colectivo con los “bárbaros” anunciados por Umberto Eco. Lo único que parece seguro en este momento-bisagra es que resulta imprudente, y acaso imposible, apearse del tsunami relacional anunciado por Piotet y Pisani. Y, en efecto, las instituciones y estructuras se adaptan para lograr espacios discursivos a través de las distintas herramientas virtuales. De su comprensión de un nuevo sujeto colectivo dependerá, en buena medida, su supervivencia.

Angela Molina

Sobre Michel Foucault, Las palabras y las cosas: “Los nombres estaban depositados sobre
aquello que designaban, tal como la fuerza está escrita sobre el cuerpo
del león, la realeza en la mirada del águila y tal como la influencia
de los planetas está marcada sobre la frente de los hombres: por
la forma de la similitud. Esta transparencia quedó destruida en
Babel para castigo de los hombres. Los idiomas quedaron separados
unos de otros, y resultaron incompatibles sólo en la medida en que
se borró de inmediato esta semejanza a las cosas que habían sido la
primera razón de ser del lenguaje.”

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Un pensamiento en “Poder y conocimiento en la era digital

  1. La alquimia de las multitudes
    ¡Webactores al poder!

    A mi juicio es básico comprender, al enfrentar el texto de Francis Pisani y Dominique Piotet (2008) La alquimia de la multitudes, por qué los autores usan las palabras: alquimia y multitudes. Alquimia, porque no siempre se puede obtener oro de la mezcla que se encuentra en Internet. De allí preferir ese término antes que inteligencia o sabiduría. En segundo lugar multitud, pues se trata de mucha gente y de muchos procesos que no son positivos o negativos per se. Pero eso sí, pueden generar resultados inesperados y aleatorios.

    Hay que diferenciar internet de web, pues tienen a utilizarse indistintamente en el lenguaje cotidiano. Internet es “la red informática mundial que nos permite acceder, por ejemplo, a nuestros correos electrónicos o a sitios web. La WEB, o la world wide web, es una de las mayores aplicaciones que permite Internet. Es un sistema con el que se puede, consultar, a través de un navegador, las páginas colgadas en los sitios web” (p.14). La primera da vida a la segunda.

    De ahí se desprende webactores, para referirse a los usuarios de Internet que van más allá de consumir pasivamente la información que otros generan (como lo hacían los internautas del pasado). Estos personajes son los que participan activamente, crean contenidos, desarrollan aplicaciones, las integran y establecen parámetros a seguir, incluso en el mundo real.

    ¿Business?
    Internet ha servido para generar nuevas formas de negocios o para trabajar de manera distinta, en forma remota. Y aunque aún queda mucho por desarrollar para lograr ingresos reales, existen plataformas que ayudan. Tal es el caso de eBay o Amazon. Amén de ejemplos de éxito comercial como Netflix, la mayor DVDteca del mundo.

    Si se quieren dar los primeros pasos, lo ideal es inclinarse por unir las bondades de promoción, publicidad, distribución y almacenaje que ofrece la web, con el mundo físico, con los productos en sí. Están surgiendo nuevos modelos de negocios, pero hay que crearlos y trabajar en ellos quitándose de la mente las viejas estructuras organizacionales. Lograr que el usuario se integre con pasión al negocio, puede generar excelentes dividendos.

    Todo cambia
    El mundo está cambiando e Internet ha sido un detonante. La tendencia es más a escribir que a hablar. Poco a poco, vamos hacia mirar más vídeos que a leer. A emplear más Youtube y sus tutoriales, que a leer las indicaciones en una página estática. Estamos pasando de almacenar los documentos en la computadora, a guardarlos en la nube.

    Hemos emigrado de la individualidad de un documento a jugar y establecer discusiones, chats y manejarnos de manera colectiva para aspectos tan triviales como jugar en línea; como vitales, el genoma humano. ¿Otros ejemplos? Miles… desde creación de aplicaciones hasta diseños de aviones.

    Es difícil adivinar el futuro, pero parece una apuesta segura que el uso de dispositivos móviles (teléfonos y tabletas) es lo que reinará en los próximos años.
    Uno de los talones de Aquiles de la web es saber si la información es verdadera. De allí que se deba consultar un mayor número de fuentes e investigar más profundamente. “No creas todo lo que veas”, es la consigna.

    Como webactores debemos ser más críticos, suspicaces, pero a la vez, también debemos estar más abiertos a exponernos, y con ello a aceptar y procesar adecuadamente las críticas. Por aquello de que… Lo que es igual, no es trampa.

    María Jesús Rodríguez

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